La Cartuja
Pickman tiene dos ofertas para evitar el cierre y seguir haciendo cerámica
Artículo de Emilio Cabrera para La Voz del Sur
Un grupo inversor compuesto por las empresarias
chilenas Gabriela y Paola Luksic y el presidente de Atlantic Copper, Javier
Targhetta, y la empresa valenciana Porcelanas de Levante Siglo XXI (Porvasal)
han presentado ofertas para adquirir la totalidad de los activos de la firma
sevillana La Cartuja Pickman, con el objetivo de garantizar su viabilidad.
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Fuentes del grupo inversor han indicado que la propuesta
contempla una inversión aproximada de 1,5 millones de euros, la mayor parte
destinada a saldar deudas de la compañía, a la que se añadirían 120.000 euros
adicionales para completar la cifra prevista. Por su parte, Porvasal ha
ofrecido 220.000 euros más las obligaciones pendientes de la empresa. Ambas
ofertas se encuentran actualmente en estudio para intentar alcanzar un acuerdo
final.
Estas iniciativas se enmarcan en el proceso de
liquidación de la sociedad Ultralta, titular de los activos relacionados con la
fábrica de loza y del derecho de recompra sobre las principales marcas, entre
ellas ‘La Cartuja de Sevilla’ y 'La Cartuja de Sevilla Pickman'. Parte de los
fondos ofrecidos se destinaría a adquirir la titularidad completa de estas
marcas.
El Centro de Investigación y Difusión de la Cerámica
Nolla (CIDCeN), con el apoyo del Ministerio de Cultura y el Ayuntamiento de
Meliana, invita a toda la ciudadanía a una jornada muy especial para recuperar
la memoria viva de nuestro patrimonio: el mosaico Nolla y el oficio de
mosaiquero.
Fecha: Viernes, 17
de octubre de 2025
Lugar
celebración: Sala Nolla del Ayuntamiento de Meliana
Horario: 11.00 a
13.30h y 16.00 a 18.00h
Organización:
Centro de
Investigación y Difusión de la Cerámica Nolla (CIDCeN), con el apoyo del
Ministerio de Cultura y el Ayuntamiento de Meliana.
CONVOCATORIA
¿Tú o
alguien de tu familia trabajó en la fábrica Nolla?
¿Guardáis
recuerdos, historias u objetos de aquella época?
¡Es el
momento de compartirlos!
Grabaremos
testimonios, recogeremos relatos y conoceremos historias personales de quienes
vivieron o heredaron aquellos tiempos de la fábrica.
También
puedes traer fotografías, herramientas, piezas o recuerdos relacionados con la
producción cerámica. ¡Todo ayuda a conservar nuestra historia!
Este
proyecto, seleccionado por el Ministerio de Cultura entre los más destacados de
España en la salvaguarda del patrimonio inmaterial, quiere dar voz a las
últimas generaciones de trabajadores y trabajadoras de la fábrica Nolla y a
todas las personas que mantienen viva su memoria.
Ven,
participa y deja tu huella en la historia de Meliana.
Entre todas
y todos, ¡haremos que el recuerdo del mosaico Nolla siga vivo!
Cierra la
última fábrica de conservas de Redondela
Artículo de Laura Nogueria para Atlantico
Redondela se despide del último bastión que quedaba en
el municipio de la industria conservera. Fuentes de la empresa Rodríguez
Pascual, propietaria de la marca La Coca, confirmaban la decisión de los dueños
de cerrar la empresa por llegar a la edad de jubilación y, por lo tanto, de
cerrar la fábrica de Redondela, ubicada en el puerto de Cesantes, al lado de la
lonja. José (Pepe) y Ángel Rodríguez Cabaleiro, hijos del fundador de la
compañía y propietarios de la empresa desde 1979, ponen fin a la que es la
última fábrica de conservas afincada en Redondela y, por lo tanto, proceden al
despido de las 18 personas trabajadoras de la misma, que estaban en un parón de
actividad desde las pasadas Navidades. De esta forma, finaliza la actividad de
la empresa fundada en esa misma nave en el año 1961 por José Rodríguez Lago y
que a día de hoy estaba presente en 15 países y que trabajaba con 70 tipos de
productos, que abarcan desde atunes y bonitos hasta preparaciones especiales,
como huevas de erizo.
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Fin de un legado
Con el cierre de la empresa Rodríguez Pascual se pone
punto final a la marca La Coca. Su origen está en Conservas JOB, fundada por
José Otero Bilbao a principios del siglo XX, que contaba con una fábrica de
escabechado en Vilavella. Su muerte en 1921 llevó a que su hijo, José Otero
González, y su esposa, Manuela González Gómez, continuarán con la entidad bajo
la razón social de Sucesores de José Otero Bilbao y la nueva Dos Puentes,
haciendo referencia los viaductos.
En 1935 Sucesores de José Otero Bilbao adquiere la
parcela “El Merendero”, situada al pie de la playa de Cesantes para construir
una fábrica de conservas. A finales de esa década, Otero también compraría la
antigua fábrica de salazón de A Regasenda, en Cedeira. La fábrica de conservas
en Cesantes mantendría su actividad a lo largo de la década de los años sesenta
y, con la muerte de José Otero en 1968 la dirección de la fábrica pasó a su
sobrino, José Carlos Figueiral. El desinterés de Figueiral por mantener el
negocio le llevaría a vender el inmueble a la firma Rodríguez y Pascual, que
optaría por usar la marca comercial La Coca.
El carbón se
resiste a morir en Asturias: preparan la reapertura de una mina en Cangas del
Narcea
Artículo de Pablo Castaño para La Nueva España
Carbones de Gillón quiere reactivar la extracción de
antracita en la vieja explotación subterránea de Minarsa y aprovechar su escombrera
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Asturias se resiste a dar la última palada para
enterrar definitivamente la minería del carbón. En pleno proceso de transición
energética hacia las energías renovables, la empresa Carbones de Gillón prepara
la reapertura de la antigua mina de antracita de Carballo, en Cangas del
Narcea, que fue explotada durante el pasado siglo por Minas y Antracitas del
Narcea (Minarsa).
'Back in
black' también en Asturias: Carbones de Gillón planea reaperturar una mina en
Cangas del Narcea
Artículo de Luis Ángel Pérez para El Nacional.cat
En Asturias queda un pozo vertical activo que se llama
Nicolasa, está en Mieres y pertenece a Hunosa; pero, si nada falla, en breve
habrá otra mina funcionando. Estará en Cangas del Narcea, se accederá al
yacimiento mediante bocamina y la explotará Carbones de Gillón. En el municipio
llegaron en su día a funcionar hasta una decena de minas. En la zona de
Carballo, donde se ubica la mina que se quiere reabrir, operaron la ya citada
Minarsa, Antracitas del Acebo y Antracitas de Cibea. En el área de Rengos, se
encargaron de las labores Antracitas de Gillón, Antracitas de Rengos, Carbonífera
del Narcea, Coto Minero del Narcea y Carbonar, entre otras. La última mina
operativa fue la de Carbonar, que cerró en 2020.
Carbón térmico
El proyecto, que afecta a la antigua mina de antracita
de Carballo que explotó la compañía Minarsa, contempla explotar el yacimiento
mediante labores subterráneas y recuperarestériles de escombrera, ya que los sistemas de lavado de carbones de
última generación permiten el aprovechamiento de materiales que hasta la fecha
se desechaban. La intención de Carbones de Gillón es destinar la producción de
la mina de Carballo a la exportación para que sea consumido en centrales
térmicas de países de fuera de la UE con legislaciones e los que este sistema
de producción energética todavía es importante.
En tramitación
De momento, el proyecto está en trámite de aprobación
y contempla una inversión de 1,28 millones de euros que permitirá
reacondicionar las instalaciones mineras y generar en torno a 70 empleos. No es
el primer intento de recuperar el yacimiento, ya que hace una década se redactó
un primer proyecto que se frustró a consecuencia de problemas entre los
propietarios de un camino que prestaba servicio a la mina. La empresa calcula
que la explotación podría mantenerse durante unos veinte años.La mina que se va a aperturar en Inglaterra,
si la de Cangas del Narcea llega a buen término, no será por tanto la única que
se reabra durante esta tercera década del siglo XXI.
'Molinera ilusionada' tras
cumplir los 50 y ser víctima de un ERE con despido.
Artículo de El Correo Gallego
Isabel Rivas es una gallega que se vio afectada por un ajuste de empleo con
más de 50 cumplidos. Regresó a su cuna, Cospeito (Lugo), y hoy es su
"molinera". Allí es típico hacer pan en las casas y ella, más que
rentabilidad, lo que quiere es ser feliz y cuidar la alimentación de sus
clientes amigos.
El suyo es desde siempre un trabajo noble de tradición familiar, pero no ha
sido su caso, pues no la enseñó nadie de los suyos y sí José, su antecesor. Era
julio de 2014. Él se jubilaba y tristemente murió en meses, en noviembre. De lo
que le faltaba por aprender a su sucesora se encargó el hijo del difunto.
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El molino do Fruseiro, que es como se llama por su ubicación, data del siglo
XVIII y está sobre el caudal del río Anllo, el que mueve la turbina.
En la localidad cospeitense, en la comarca de A Terra Chá, a 28 kilómetros
de la capital provincial, en 'El Molino de Isabel', nombre comercial actual, su
dueña, que tiene también tienda online, ya hace mucho que lo sabe todo del
ciclo trigo-harina-pan.
Especies autóctonas de trigo sobre variedades antiguas y dar un servicio a
la comunidad son sus propios "motores". "Aquí se hace mucho pan
en casa, cada casa tiene su horno y hacemos la molienda para la gente",
explica a Efe.
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Callobre y caaveiro (locales), junto con la espelta (esta traída de
Segovia), es lo que trabaja.
Isabel conserva intacta la ilusión que le permitió dar este paso hace más
de un lustro y la que, además, le permite encarar personalmente el cambio de
prefijo, al 6, a los sesenta, como una mujer renovada y, desde luego,
reinventada.
Ella, que ha estado viviendo aquí y allá, finalmente encontró su futuro al
lado de la casa que había dejado muchas décadas atrás.
"Tenía sobre todo la motivación de fomentar de nuevo la molienda
natural de un cultivo de trigo tradicional gallego, que se cultiva con
muchísimo mimo", relata.
Y, evidentemente, sin químicos, destaca.
Su predecesor estaba últimamente un día a la semana y ella, a diario, de
nueve a una y media y de cuatro a ocho y media de la tarde.
Ha hecho reparaciones y una puesta a punto, pero la labor sigue siendo
manual.
La presencia de maquinaria es mínima. No es necesaria y para darse cuenta
basta con observarla: las manos las mueve con afán.
"Ha costado mucho trabajo pero aquí estamos peleando, después de seis
años de lucha. Ahora se nos empieza a ver, a considerar. Ha sido duro pero
estamos satisfechas".
Habla en plural Isabel porque desde hace un año tiene una ayudante,
Patricia, a la que dobla en edad.
Ella, su compañera de faena, cuenta sus inicios: "La conocí a través
de mi padre, que traía a moler su trigo. Sabía que Isabel buscaba a alguien
para seguir con el proyecto".
Y, sin dudarlo, ni corta ni perezosa se apuntó a contribuir a esa
alimentación "más sana y de una manera más natural".
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Sus compradores "no son clientes, son amigos", concluyen ambas al
hablar de sus vecinos, aquellos que si las 'molineras' no tuviesen el
suficiente resuello para cumplir con su misión, las empujarían a hacerlo sin
dudarlo.
Además, su lista de clientes ya es abultada y son conocedoras de que
cocineros de prestigio recomiendan fervientemente ese molino, por el tándem que
forman Isabel y Patricia.
Una gallega recupera el oficio de
molinera en su aldea natal: “Me enamoré del molino”
Artículo de Antena 3
¿Quién no ha pensado alguna vez en frenar en seco y volver a sus orígenes?
Isabel Rivas no lo dudó cuando a sus cincuenta y cuatro años y, aprovechando
que se encontraba en un ERTE, fue a visitar a su madre al lugar de Pacio,
parroquia de Goiá en el ayuntamiento lucense de Cospeito. Ahí se enteró de que
José, el molinero hasta entonces, cerraba su molino. Isabel se acercó a él y
simplemente le preguntó "¿me enseñas a moler?". Así fue como empezó.
"Molimos diez o doce veces, no más, la salud de José empeoró, lo
ingresaron y ya no regresó. Yo no quise olvidar todo lo que me había enseñado.
Así que aquí me quedé. Mucha lucha pero seis años después, seguimos".
Isabel cuenta que nunca tuvo un apego especial a la tierra que la vio nacer
y que desde los catorce años había vivido siempre fuera de Galicia pero, el
proyecto del molino le cautivó "era algo que estaba desapareciendo y pensé
que era necesario como servicio a la comunidad. Aquí todos los vecinos hacen el
pan en sus casas con el trigo que ellos mismos cultivan. Siempre fue así".
Y ese fue el principio, Isabel Rivas se dijo "¿por qué no?, ¿por qué
no intentarlo?". ¿Y después? le preguntamos, "después..." respira
y afirma contundente "me enamoré del molino". Nos cuenta que no es de
familia de molineros y que "nada tengo que ver con este mundo". Pero
tiene claro que desde el primer día que llegó, aunque no tuviese que moler se
sentía feliz "estoy en contacto con la naturaleza, trabajo a mi manera,
sin prisas. Todo eso me encantó".
Ella se empeñó en poner en valor el producto, fomentar el cultivo del trigo
y volver a ofrecer esa calidad de producto natural "y vivo" quiere
resaltar esta mujer gallega "mi molino está vivo también. Y digo mi molino
porque el molino nunca es del propietario, sino del molinero. El molino sin
molinero, se muere".